
Estoy de acuerdo con el crítico de arte Robert Hughes, siempre lo estuve desde la primera vez que cayo en mis manos su libro "A toda crítica" allá por los añós 90. Pero lo estoy mucho mas ahora cuando con su furiosa y bruta honestidad nos dice: "Damien Hirst no es más que un escalador ampliamente sobrevalorado", si, como diríamos en el "rioba", un trepa. Hughes habla por supuesto del autor de la archi conocida y famosa obra del tiburón tigre en formol, en descomposición,apestosa, titulada "La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo", que el coleccionista Charles Saatchi vendió al financiero estadounidense Steve Cohen en el año 2005 , en 12 millones de dolares (Saatchi lo había adquirido en 1992 por 50.000 libras, unos 56.000 euros) a través del galerista Larry Gagosian.
D. Hirst, que en este momento es el primer "artista" más rico del mundo al que se le calcula que posee una fortuna de unos mil millones de dólares. Un artista que se dá el lujo de decir que no es el quién realiza sus obras (¿sus ideas?) y que emplea a mas de cien artesanos contratados que trabajan en su enorme taller-fábrica, ellos sus artesanos-empleados son quienes ejecutan sus brillantes ideas, como la calavera de platino, a tamaño real incrustada con más de ocho mil diamantes,(me pregunto ¿donde quedo el famoso aura de la obra de arte?).
Claro, primero mi asombro al desconocer las reglas que rigen en este mundo de valores de las artes plásticas en cuanto a su comercialización en esos centros de poder tan distintos a nuestro mundillo con sus pobres remates del Banco Ciudad o de las demás casas rematadoras locales. Después, me desacelero y trato de comprender que es lo que ocurre en "ese" mundo de compras y subastas tan especial, tan lejano y tan incomprensible para nosotros. Incomprensible como arte en si o sea como fragmento dentro de una gran historia lineal del arte, si es que fuera posible pensarlo asi y que la historia del arte fuera lineal.... ¿Es siempre en esta modernidad el valor publicado de los grandes remates o de las ventas de estos personajes como Satchi, Gagosian o las ventas directas de taller Hirst el que decide lo que es Arte? A veces pareciera que si, pero ademas producido en el contexto de aceleración y derrumbe de los procesos ecónomicos, como esta crisis mundial. ¿Son procesos meramente localistas o la aparición de artistas similares en este mundo tan interconectado hacen dudar luego dee ciertos booms efimeros en esos centros determinados?. El historiador Donald Sassoon , el año pasado publicando una obra titulada "Cultura. El patrimonio común de los europeos"un tomo de casi 2000 páginas con abundantes referencias a todo lo acontecido en el viejo continente desde el siglo XIX al presente en el que excluyó tratar el arte contemporáneo pero dijo que "Su valor económico está determinado por su valor de reventa (...) El mercado de obras de arte es en esencia un mercado especulativo de objetos que han sido definidos como arte por un élite restringida. De hecho, el mercado del arte fluctúa aproximadamente en función del mercado de valores" Es decir, su calidad se decide por lo pagado por los compradores . Por lo que Sassoon no se quiere meter en ese pantanoso fregado donde la naturaleza especulativa del producto es lo fundamental.. Dificil es salir de este callejón sin salida. Mirando desde afuera ( desde este nuestro culo del mundo) personajes como el publicista Saatchi, hoy en día uno de los principales coleccionistas- marchands y formadores de opinión , quien en los años noventa se inventó a si mismo y lanzó al mercado del arte mundial con gran visión a los "Young British Artist", casi todos artistas conceptuales y con obras de muy dificil comercialización, además de ser quien también estuviera detrás este obceno exhibidor de escualos en formol, mariposas y otros animales . Desalienta constatar tanto desconocimiento y desinformación en el público en general y en el resto del mundo artistico alejado de esos centros de desición. Se puede comprender que Hirst, Saatchi y algunos galeristas caigan en la avaricia del dinero, pero no se entiende como pueden existir tantos críticos incautos, que no hayan sido comprados y tantos millonarios coleccionistas o inversionistas que caigan en la trampa de lo que estas élites deciden que es arte. ¿Cómo un tiburón disecado, y maloliente suspendido en un tanque de formol, puede llegar a valer millones de dólares ?¿Qué mecanismos rigen la oferta y la demanda en este nuevo mercado del arte? El economista estadounidense Donald N. Thompson rastreó durante un año los intríngulis del mercado de arte contemporáneo y pasó muchas horas entre galeristas, casas de subastas, artistas y coleccionistas. El resultado de su investigación es el libro "El tiburón de 12 millones de dólares", que ahora se edita en español y cuyo subtítulo, La curiosa economía del arte contemporáneo y las subastas, ya anticipa al lector que, seguramente, no se va a encontrar con las leyes "clásicas" del mercado. El tiburón es la alegoría perfecta que sirve a Thompson para sumergirse en la vieja distinción entre valor y precio . "Como economista y coleccionista de arte contemporáneo, hace tiempo que me siento perplejo por la cuestión de qué es lo que hacer valiosa una obra de arte, y por qué alquimia se considera que vale 12 o 100 millones de dólares en lugar de, por ejemplo, 250.000 dólares", declara al inicio del libro. Según Thompson, al igual que Coca-Cola o Nike, hay artistas, galeristas y casas de subastas que han adquirido una valor como marcas. "Un Mercedes ofrece seguridad y prestigio. Prada ofrece la seguridad de elegancia y moda actual. El arte de marca funciona del mismo modo. Los amigos no podrán creerle cuando les diga: 'He pagado 5,6 millones de dólares por esa estatua de cerámica'. Pero nadie muestra desdén cuando se le dice: 'Lo compré en Sotheby's', 'Lo encontré en Gagosian' o 'Éste es mi nuevo Jeff Koons".Sotheby's y Christie's entre las casas de subastas; MoMA, Guggenheim o Tate entre los museos -"una obra que se haya exhibido en alguna ocasión en el MoMA o que haya formado parte de una colección del mismo exige un precio superior debido a su procedencia"-; Gagosian o Jay Joplin, fundador de la londinense White Cube entre los galeristas; y artistas como los citados Hirst, Koons o Andy Warhol son, según la tesis de Thompson, engranajes de una maquinaria que, "con un marketing bien dirigido y una marca de éxito", genera precios inexplicables para la lógica para tiburones disecados o balones de baloncesto (en el caso de Jeff Koons) en una pecera.Detras de ello hay factores psicológicos y sociales. Muchos de los compradores de arte contemporáneo no son siempre especialistas ni entendidos. Simplemente son muy ricos (en muchos casos nuevos ricos, como los millonarios rusos y chinos surgidos en los últimos años), asegura el economista, y necesitan tener la seguridad de que están haciendo una buena compra. De ahí que se fíen de las marcas reconocidas. Al público que frecuenta esta feria de las vanidades va dirigida la peculiar jerga de los galeristas, según la cual "vanguardista significa radical, desafiante significa que no intentes siquiera comprenderlo, y calidad de museo significa que, si tienes que preguntar, es que no puedes pagarlo". El galerista de marca no es un fenómeno nuevo. Jopling ha sido para Hirst lo que Ambroise Vollard fue en París para Picasso, Cézanne y Gauguin o, a mediados del siglo XX, Leo Castelli en Nueva York para Jasper Johns, Robert Rauschenberg o Cy Twombly. La relación entre los clientes de un galerista de marca y sus clientes suele alcanzar un grado de confianza ciega: "Los coleccionistas confían en su marchante del mismo modo que confían en su asesor de inversiones. Es la idea de comprar arte más con los oídos que con los ojos, de comprar el esperado valor futuro del artista", señala el economista.Hay más palabras que suenan a música en los oídos de los clientes de las galerías o casas de subastas, como "está en la colección de Saatchi" o "Saatchi lo quiere". Si una obra de arte es del agrado de uno de los coleccionistas más notables del mundo, ¿cómo no va a quererlo en su casa un VIP que se precie? No importa que un respetabilísimo crítico de arte como Robert Hughes califique la obra de Hirst de "mercancía absurda y hortera" o que afirme que Koons "probablemente no sería capaz de escribir bien sus iniciales en un árbol". Al fin y al cabo, como le indicó a Thompson Brett Gorvy, director del departamento de arte contemporáneo de Christie's, "esto es un negocio, no historia del arte".
Aclaración :Esta nota es un pastiche de un articulo salido esta semana en el diario el País, titulada "las subastas de las vanidades" y una nota del blog "La luciernaga", de un coment titulado escualos, cualquier parecido con ambas es deliberado.
alejandro.
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